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Isabel Cigliutti

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Fernando Arrabal 

 

Este es un fragmento del reportaje realizado a Fernando Arrabal y publicado en el Diario "Clarín" el día Jueves 29 de abril de 1982.

 

EN LA INTIMIDAD

 

Fernando Arrabal aún tiene los ojos cansados. Acaba de despertar. Según explica, estuvo escribiendo toda la noche. Enciende un cigarrillo, y su mirada se distrae hacia la ventana que da a la Rue Jeuffroy. Afuera está nublado. El frío cala hasta los huesos.

 

- ¿Sabés qué pasa? Cuando las imágenes que tienes te persiguen, es un crimen que las dejes escapar. Ocurre que me estoy "entreteniendo" con una idea de novela. Y bueno, no hay que dejarse dominar.

El piso está en silencio. Cada tanto suena el teléfono y una voz femenina muy débil responde: "Ahora Arrabal no puede atenderlo pues está realizando una entrevista..."

 

El tiempo para él, es un juego como una movida más en el tablero.

- Y vamos, niño, ¿cuáles son tus preguntas?

- ¿Tiene apuro?

- Para nada. Una cosa: ¿sabés jugar al ajedrez?

- Juego muy mal...

- Es una pena,pues podríamos estar jugando una partida en vez de hablar.

- ¿Le gusta escribir teatro?

- Me agrada. Cuando escribo una pieza pienso que estoy concretando una fantasía que no pude realizar durante el día. Por eso escribo de noche. Durante la jornada me lleno de frustraciones y después me las quito inventando una situación dramática.

- Por lo que usted dice, da la impresión de escribir para que su angustia disminuya.

- Puede ser. Nunca lo he pensado mucho.

 

CLAVES DEL TEATRO

 

- Si mi memoria no me traiciona, usted escribió para el teatro: "Pic-nic en el campo", "La princesa y la comulgata", "El arquitecto y  el emperador", "Sobre la cuerda floja", "La torre de Babel". Incluso participó de un trabajo en conjunto con el argentino Copi. ¿Cuál es el hilo conductor que puede definir su estilo?

- Veo que ha leído. ¿Qué opinión le merece mi teatro?

- Entiendo que le puedo responder fuera del reportaje. Entretanto le ruego que responda a mi pregunta.

- No tengo un estilo definido. Cada acontecimiento dramático propuesto por mi imaginación tiene una forma de abordaje. Creo que "El arquitecto y el emperador" no posee los ingredientes estilísticos de "La torre de Babel". Pero en cada una de mis obras está presente el sentimiento de amo y esclavo, de dominador dominado. Estos ejemplos no son míos, sino de Jorge Lavelli, en relación con "El arquitecto y el emperador. Pero en este momento, los tomo como una buena aproximación para entender mi obra.

- ¿Le preocupa la ilusión?

- A todo escritor teatral le preocupa. En realidad, la palabra más adecuada es ensoñación.

- En usted, ¿el pensamiento místico es una forma del ensueño?

- La suya es una especulación intelectual muy interesante. Y creo que sí. Podría aceptarlo en un principio, pero es un tema muy difícil de resolver en una entrevista.

- ¿Y las claves para entender su teatro?

- En primer término la norma, el comportamiento de los personajes. Después viene la Ley Divina. El mundo de hoy es materialista y vive preocupado solo por la peripecia. En el ajedrez es muy fácil: Karpov conoce muy bien todas las variantes, pues tiene gran memoria. Fisher, en cambio, conoce la esencia del juego. Esto se puede trasladar a mi teatro. A mi no me preocupa la maña teatral, sino lograr estímulos profundos que justifiquen el acto creador.

 

RELIGIÓN Y CASTIDAD

 

- ¿Se considera un hombre religioso?

- Pues sí. Pero entiendo la religión a mi manera. Mejor dicho: poseo un modo de creer en Dios.

- ¿Cuál es ese modo?

- Ese es un asunto muy personal?

- ¿Alguna vez se propuso ser clérigo?

- Varias veces. Intenté ser jesuita y quise consagrarme a la castidad.

- ¿Sufrió la tentación?

- Terriblemente. Me recuerdo el caso de Abelardo y Eloísa. Abelardo fue un brillante profesor de Notre Dame, una especie de Sartre de su época. El tenía cuarenta años y ella veinte. Como era un amor no aceptado por la época, el padrino de Eloísa lo castró. Desde ese momento el amor entre ambos fue uno de los más sublimes de la historia. La idea del Espíritu Santo, o de la eternidad, esuna idea de Abelardo.

- Por lo visto, usted piensa que los seres más próximos a Dios deben ser castos.

- Indudablemente, sí. Solo la castidad lepermite ser puro al hombre.

- ¿Se considera un hombre impuro?

- He realizado grandes esfuerzos para mantenerme en pureza. Pero debo reconocer que en la mayoría de los casos me venció la tentación. Si así no fuera, hoy estaría en alguna congregación religiosa.

- ¿Lo siente como una frustración?

- Es una de las más grandes de mi vida. Ser creyente no es simple. Exige un ejercicio, un convencimiento muy profundo. El mundo de Dios es complejo, y penetrarlo representa una tarea muy fuerte. Invertir energías en el amor al Señor no es recitar los versículos de la Biblia. Yo me considero un creyente consciente y responsable. Mi amor hacia Dios es sublime y lleno de misterio.

- Este sentimiento. ¿se ve reflejado en su obra?

-Permanentemente. De lo contrario no escribiría una línea. Todo mi pensamiento, mi imaginación, está volcado al recurso de los recuerdos al amor y a la divinidad.

- ¿Busca el perdón de Dios?

- Me obsesiona.

- ¿Y el de los hombres?

- Jamás. No me interesa, pues representa el perdón temporal y pasajero.

 

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