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Vive
en forma recoleta casi oculta, trabaja incansablemente por y para la obra
de Borges. Se puede pensar que la seducción entre ellos pasó por el
budismo, la teosofía, el misticismo, el panteísmo, la Cábala, el
nominalismo medieval y el idealismo filosófico. El humor también fue
parte fundamental del juego. Pero el sello definitivo fue la locura que le
permitió volar por senderos, colmados de pequeños guiños, en definitiva
por los caminos sinuosos de la inteligencia.
Ahora
a María Kodama le queda la nostalgia de un mundo que vivió hasta el
final pero sin tristeza, con la profunda convicción que su vida está
ligada a Borges hasta su muerte, pues entre ellos seguramente existe un
juramento, un secreto, sin duda el último laberinto que Borges dejó
antes de morir. A
continuación se reproduce un fragmento del reportaje publicado en el
libro "A Primera Vista - Grandes Reportajes" de Editorial
Corregidor.
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¿Cómo se vincula con Borges?
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Desde mi infancia. Lo conocí a los 12 años. Empecé a estudiar con él,
cuando tenía unos 15 ó 16 años... anglosajón.
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¿Qué fue lo primero que la atrajo, la personalidad o la literatura de
Borges?
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Me atraía la literatura antes de conocerlo. Lo conocí como escucha a
través de la lectura que me hizo cuando era chica una señora que me enseñaba
inglés. Ella fue quien me permitió descubrir a Borges. No me acerqué a
él por admiración, por los reportajes o para el prólogo de un libro,
llegué a través de la pasión común que teníamos por la épica.
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¿Qué hacía su padre?
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Le gustaba mucho el arte. Era químico pero le interesaba muchísimo la
pintura. Justamente es a través de lo que mi padre me enseñó sobre
pintura que pude describirle el mundo a Borges. Fue muy curioso. Conocía
los cuadros con gran precisión, al extremo de recordar detalles y
figuras. A través de ese mundo común no visto por él es que pude
describirle los colores y las situaciones de lugares, que no había visto,
y que ya no podía ver. Toda la enseñanza que mi padre me dio desde los 2
o 4 años me sirvió para ayudarlo a ver el universo. Teníamos una
consigna. Muchas veces los periodistas decían en los reportajes:
“Borges ha visto tal cosa” y él me decía: “María, sólo repetí
lo que Ud. me dijo”.
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¿Se trataban de Ud.?
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Yo estaba en un mundo donde lo común era el “vos”. Lo diferente era
el “Ud.”. Hoy el “vos” es un término gastado. Es como el término
de todos. El “Ud.”, en cambio es para mí lo más íntimo, lo más
querido. A las personas, según mi sentimiento hacia ellas... cuando
predomina un amor profundo, las trato de “Ud.”.
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Sería una lectura al revés.
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Claro.
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Una lectura borgeana.
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Exacto. Especular.
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Especular el vínculo.
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Sí.
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O especular con la palabra.
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Especular de espejo. ¿No es cierto?
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Dentro del complejo universo literario de Borges... supongo que debe haber
una clave que Ud. posee...
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No creo que alguien posea la clave. La imagen de él es inasible. Todos
creen tener pedazos, pero no es así. Yo tampoco la tengo. Justamente es
ésa la fascinación que ejerce. Creo que es ésa la esencia del arte,
mejor dicho la magia.
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...Borges transmitía una constante sensación de infelicidad.
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Borges tenía momentos de felicidad y de infelicidad, como todo ser
humano. Una obra no se puede crear desde la desdicha. Él mismo decía que
la felicidad son momentos. No hay una persona feliz. Siempre hablaba del
gran daño que le había hecho el poema que escribió dos días después
que murió su madre. “Mire María, nunca escriba nada dos días después
de que yo muera porque el texto la perseguirá como un fantasma toda su
vida. Será desdichada para siempre.
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¿El Borges que conoció tenía humor en la intimidad?
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Totalmente. De lo contrario yo no hubiese podido soportar. Siempre les
digo a mis amigos que no pertenecen al club S.M.
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¿S.M.?
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Sadomasoquismo. Si Borges no hubiese tenido un gran sentido del humor no
hubiera podido tener una amistad con él.
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El establishment siempre ocultó el humor tan fresco que describe.
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Creo que las muestras de humor de Borges se pueden leer en los reportajes
de diarios y revistas... cuando se hablaba sobre un tema político, lo hacía
con mucho sentido del humor. La gente no lo tomaba así. Entonces surgían
esos dramas y esas clasificaciones... odios y amores que aún persisten.
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