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Domingo 25 de mayo de 2003 |
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Mujeres de escritores hablan de sus amores |
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Voces femeninas que dicen de Borges, Arlt, Tizón y más.
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Buenos Aires, (Télam).- Flora Guzmán, Dorotea Muhr, Elsa Sánchez, Marta Scavac, María Kodama y Elizabet Mary Shine han sido o son -en el caso de Guzmán- mujeres de escritores, y como tales fueron entrevistadas por el periodista José Tcherkaski, para armar un libro de conversaciones, donde el relato va mucho más allá de las anécdotas.
"Era buen mozo, alto robusto sin ser gordo, bien trajeado, pero ligeramente desprolijo, cosa que una mujer capta de inmediato; sin embargo, tenía una forma de hablar que enseguida me atrajo. Su modo de expresarse no era el de todos. Tenía un lenguaje de su propia invención, aunque era fácil seguirlo", desgrana Elizabeth Mary Shine sobre Roberto Arlt.
"El me regaló "Los siete locos". Yo lo leí y no me gustó. Leí la primera parte y lo dejé, a cambio le regalé el "Elogio de la locura", de Erasmo de Rotterdam (...). Yo pensé: "Si el me regala algo de locos, yo le voy a regalar algo de locos a él", cuenta la mujer de Arlt, con quien estuvo casado dos años y tuvo un hijo, nacido tres meses después de la muerte del escritor.
Elizabeth reconoce que el gran amor de Arlt fue "Maruja Romero, una chica que conoció en el tren (...) nunca se borró de su memoria".
María Kodama relata que se relacionó con Borges en su infancia. "Lo conocí a los doce años. Cuando tenía unos quince o dieciséis años empecé a estudiar con él anglosajón". Durante su charla con Tcherkaski, Kodama alude a la timidez del escritor, su ironía y sentido del humor, su amistad con Adolfo Bioy Casares -"fuerte en los primeros años. Luego se pierde, más tarde se renueva, pero sin la misma intensidad"- y con Xul Solar. ¿Cómo fue el último día de Borges? "Lúcido, como siempre" (...) Le leí "Ulrika" porque ese cuento fue hecho para mí. Repetimos el Padre Nuestro en anglosajón, una promesa que le había hecho a su madre. Fue una muerte muy serena, muy normal. Nada dramático", comenta Kodama.
Marta Scavac, la mujer de Haroldo Conti, se enamoró de él, cuando era una de sus alumnas de latín. Más tarde lo llamó por teléfono. "El primero lo tomó como un levante más y me acuerdo que me dio una cita, nunca me voy a olvidar, en Callao y Corrientes (...) Mire, profesor, lo que pasa es que yo me enamoré de usted y se lo tenía que decir (...) "ahora que la encontré no la voy a perder"", le contestó el escritor al dejarla en su casa.
Después de superar muchas adversidades, Marta y Haroldo se van a vivir juntos, tienen un hijo, y el escritor es secuestrado el 4 de mayo de 1976. Marta describe el episodio en que Leonardo Castellani pide por su marido en un almuerzo con el entonces presidente de facto, el general Jorge Videla. "Castellani había logrado la autorización de salida para mí, para mi hijo y para Haroldo, para los tres, pero cuando llegó ya era demasiado tarde", evoca la mujer del autor de "Mascaró".
Apenas la conoce a Elsa Sánchez a Héctor Oesterheld -quien también desapareció al igual que sus cuatro hijas durante la dictadura militar- le agarra un "metejón". "¿Sabés el comentario que hizo mamá?, le dice. Que parecés una chica de misa de once". Elena recrea la vida con el creador de "El Eternauta", y confiesa que "la ciencia ficción no es una cosa que me atraiga demasiado, pero cuando leí el primer episodio de "El Eternauta" me quedé metida ahí adentro. Yo le decía, por cada episodio: "¿Lo terminaste, lo terminaste?, para leerlo".
"El vivió una vida muy solitaria. Con quien se vio mucho fue con Borges. En una época fue medio lazarillo de Borges, que era un fanático de la ciencia-ficción, y hablaban muchísimo sobre ese tema", apunta la mujer de Oesterheld.
Cuando lo conoció a Juan Carlos Onetti, Dorotea Muhr cuenta que estaba "muy rodeado de mujeres (...) su mirada, su cuerpo, su manera de tratar a las mujeres era excepcional, y eso atraía muchísimo. Tenía muchas mujeres, pero como yo lo conocí así, no me llamaba la atención. Era su vida, era parte de su escritura, lo necesitaba...".
Onetti escribía en "cuadernos escolares con lápiz...Yo les sacaba punta a una cantidad de lápices. Después fotocopié todos los originales, porque están haciendo un libro sobre los manuscritos de Juan, que va a salir pronto y todo este material es importante...", considera Dorotea, quien compartió la vida con el escritor desde 1955 hasta su muerte. "El siempre me decía: "Sos un brazo mío, sos una parte mía".
A la hora de explicar por qué escribe el jujeño Héctor Tizón, su mujer Flora Guzmán argumenta que "tiene un problema de comunicación muy fuerte. Por algo escribe". "Cuando nos conocimos éramos dos chicos. El todavía no había empezado a escribir, yo estaba cursando derecho en Tucumán, primer año, segundo tal vez. Por lo tanto no era lectora; él me hablaba de sus intenciones de escribir como una cosa muy al pasar", recuerda.
De las novelas de Tizón, Flora menciona "La casa y el viento". "Porque siento que esa es nuestra historia de exilio", dice evocando aquel momento en que Jujuy "llegó a ser un ambiente tan absolutamente irrespirable", que se fueron a España.
¿Qué es lo que más ama de Tizón? "Su originalidad, su capacidad creativa, su sentido del humor, que de pronto pasa desapercibido y Tizón lo rescata, y lo valora, y lo muestra...", subraya Flora. |
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