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Transcripción de las
notas que Lavelli adjuntó a su carta:
Teatro-Lavelli:
por
Horacio Cabral-Magnasco
PARIS:
Set 20 (AFP) - Para el director escénico argentino Jorge Lavelli, el
teatro actual "Debe responder a exigencias éticas, que son
exigencias de libertad", según señaló en el libro "El teatro
de Jorge Lavelli - El discurso del gesto", de su compatriota, el
crítico Jose Tcherkaski, que circula en París.
En
un volumen de 300 páginas - publicado por Editorial de Belgrano de Buenos
Aires y que distribuyen librerías especializadas de la capital francesa -
Tcherkaski realizó un estudio exhaustivo del trabajo de Lavelli como
director escénico, desde 1963, cuando ganó el concurso francés de
jóvenes compañías, con "El Matrimonio" del dramaturgo polaco
Witold Gombrowicz, hasta la fecha.
El
interés del libro no sólo reside en la producción de varios meses de
entrevistas Lavelli-Tcherkaski, sino también en la reproducción de 42
cartas, casi todas inéditas, de Gombrowicz, quien vivió 24 años en
Argentina, dirigidas entre 1963 y 1969 al director escénico.
También,
a guisa de prefacio,l se incluye en el volumen un artículo del escritor
francés André Pieyre de Mandiargues.
De
las afirmaciones de Lavelli, se desprende que para él, la noción de
espacio "es fundamental en la creación del hecho dramático, porque
la seguirá el primer elemento de movilización del proceso creativo, es
decir la situación de un personaje en ese espacio".
"Este
espacio - agregó siempre un lugar de síntesis, no un lugar decorativo
hecho a partir de una reconstrucción de tal ciudad o de tal época, sino
un espacio arquitectónico, escénico, que permita la mejor expresión del
personaje y de la historia que se va a representar"
Pero
Lavelli desea introducir, en ese conjunto, una noción "ética, que
aporte una idea de modificación, una modificación no sólo de ese
espacio, sino del comportamiento".
"De
ahí - puntualizó -, la importancia que doy al espacio y a la
arquitectura, porque el teatro y la arquitectura están en relación
indisociable, a partir de esa exigencia que yo llamo ética, que es como
una exigencia de libertad, lo que lleva a la aparición de otros espacios,
o de otras consideraciones de lo que es el espacio con respecto al
dispositivo escénico, es decir al lugar donde la historia va a ser
contada".
A
juicio del director escénico argentino, en ese lugar la
"ejemplaridad va a llegar a su punto radioso, culminante".
Claro
está que, toda vez que, a juicio de Lavelli, el hecho teatral
"condiciona el lugar, tras haberlo generado", toda
transformación es posible "cuando pueden reunirse al menos dos
elementos: una parte activa o emisora del mensaje y una parte pasiva,
receptiva, captadora las cuales, si se confunden, provocan un fructuoso
intercambio".
Por
su parte, en la colaboración de Mandiargues en el libro sobre Lavelli, el
premio Goncourt francés dice que el director escénico argentino posee
una "perfecta adaptación a la profesión que ejerce".
"Es
por eso - añadió el escritor - que le sienta a maravillas la hermosa
palabra de "director", ya que es un prodigioso arte el que
consiste tanto en dirigir la construcción de un espacio decorado, como en
situar a los actores en el mismo y en ordenar sus gestos y sus
evoluciones".
El
libro contiene también declaraciones del dramaturgo español Fernando
Arrabal, del cual Lavelli montó varias de sus obras: "Pic-nic en el
campo", "La princesa y la comulgante", "El arquitecto
y el emperador de Asiria", "La torre de Babel", "En la
cuerda floja".
"Creo
que Lavelli es el mejor director del mundo en nuestros días - expresó
Arrabal - y en lo que a mí respecta pienso que es quien me ha hecho ver
algo más en mi teatro y en mi relación con la escena".
Horacio
Cabral Magnasco |