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Travesía
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| Presentación |
La
íntima, entrañable travesía o las guitarras del hombre
Como
los carros en los que atravesó el mundo primero de sus sonidos, como los
barcos en los que desbordó horizontes, está hecha de maderas. Tallada a
los árboles de los que la curiosidad hizo descender al hombre, ella es la
ventana por la que el mundo entra al corazón, por la que el corazón sale
ahacia otros corazones.
Llevando
y trayendo las melodías que inspiró a través de los tiempos, convocando
seres y civilizaciones que sólo por ella se reconocen y hermanan,
prendida a los pechos, ecos del interno latido, la guitarra, desde
siempre, viaja. Meciendo y desafinando con sonidos de cuna, de fiesta, de
amor, de batalla, en ella permanecen arrullos de todas las vidas, de todas
las muertes, de todas las resurrecciones y de todas las nostalgias que
reconocen su nombre en las infinitas lenguas de los humanos.
Este
oratorio nos cuenta, con murmullos y fragores que abarcan pasados remotos
y presentes inexorables, los tiempos de la guitarra, que son los tiempos
del hombre.
Y
a todos los celebra.
Es
imposible no reconocerse en esta obra. En su conmovedora historia poético
musical están los sueños y las pesadillas que voz y guitarra, como
siempre abrazadas, evocan desde el alma de madera poblada de cantos.
Con
la inspirada pasión creadora de un poeta, José Tcherkaski y un músico
José Luis Merlín, que no usan red para lanzarse profundamente en el
hueco sin fondo del instrumento cómplice, compañero, leal y provocativo,
al que acarician las caderas amorosas y golpean el corazón eternamente
sensible. Con talento y sin fronteras, ambos extienden y abarcan y tensan,
cuerda a cuerda, palabra a palabra, los acentos diversos de una voz que se
mantiene imprescindible y única.
Para
amarla han encontrado la cantante precisa, una deliciosa, intemporal Livia
Barbosa. Y la actriz perfecta. Cipe Lincovsky suena y resuena como la
raíz misma de ese cuerpo sensual y poderoso, infinitamente sensible,
apasionado y conmovedor con candores y furias siempre recién nacidas,
recién sentidas cuando ella las recrea.
He
repetido ésta experiencia como espectadora feliz, tantas veces como sus
oficiantes me han permitido hacerlo. Y cada vez, cuando se hace silencio,
deseo que recomiencen.
Aida
Bortnik
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Relatos |
Yo...
Desde
mí, el sol
los
vientos calmos
despiertan
al llegar la noche
mientras
los ciervos callan.
Soy
el primer quejido de la madera,
mi
cuerpo nace de los pájaros
de
un solo ojo.
Estoy
cansada de las expediciones sobre la bruma.
Los
misterios del hombre caen sobre mis caderas
y
las manos de él
penetran
la oscuridad del alma.
Me
descubren mujer
y
mi cuerpo goza en cada cuerda.
Soy
la Babilonia del sueño dormido
de
al voz humana.
Me
invade la algarabía
de
los nuevos mundos.
Recorro
los celestes de estas patrias
soy
una más
en
las conquistas de ultramar.
Estoy
confundida.
El
amor me abre los poros
y
busco ser amada.
Nadie
me pregunta.
Me
toman,
me
llevan,
me
tocan,
me
beben.
Lo
sé.
Soy
tibia y hueca.
Que
la ilusión se apodere de mí...
Yo.
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Travesía |
Prisionera.
Prisionera...
soy
mulata
mis
cuerdas son las rías,
las
primeras aguas,
frágil
de mí,
las
batallas me robaron los sonidos.
Guardo
tantas memorias,
lejanas
religiones.
Extraños
rezos
se
esconden
en
mi vientre, mi cavidad, mi cuello, mi cadera.
Ellos
son los testigos inciertos y errantes
de
mi, mi, mia,
tantas
veces recorrida por ellos.
Ahora
que la luz me penetre.
Llegue
el sueño,
duermo,
se
inicia la travesía.
Dios
es mi testigo.
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Fiesta |
Que
me toquen, vamos que me toquen
Que
me estoy ardiendo
vamos.
Que
me toquen, toquen que me toquen
vamos
y
que la pena levante su vuelo
que
mi cuerpo sude
cuerda
sobre cuerda
vamos
que
me abracen
vamos
las
caderas
Mi
lengua es fuego y no ceniza
tengo
hambre de manos
hace
inviernos;
loca
grito
soy
la hembra
vamos
que
me toquen, toquen que me toquen
los
ojos de él
son
bellos y calientes
mientras
me abraza
soy
la brasa y lo quemo
lo
siento, es mi amado de hoy
y
lo poseo
Que
me sacudan las cuerdas
llega
el alba
vamos!!!!
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Los
Misterios |
Mi
ojo ve.
Muchas
gentes aparecieron en las tinieblas.
Entonces
se propagaron
cuando
aún no había aparecido
a
luz del día.
Cuando
se propagaron
estaban
en un solo lugar
justo
donde se levanta el sol
El
alma entró en mi
suave
como el murmullo de las caracolas Con
mi ojo divisé otras tierras raras
oscuridades. Nadie
se animó a tocarme recostada
sobre el cuerpo de él miré
la bruma Lloré El
miedo se apoderó de mi. Todo
fue silencio. Después
apareció una figura humana era
el misterio. Me
montó sobre los hombros de él y
como Cristo llevando la cruz respiramos, respiramos,
por primera vez el
otro aire del universo. |
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Los
nuevos cielos |
Enseguida
empezó a llover copiosa lluvia que
apagó el fuego de las tribus acompañada
de gran cantidad de granizo. Mi
cuerpo se acomoda sobre la ceniza, el
agua me afloja los tientos, mi
cara intenta penetrar el cielo. Ellos
los nuevos hombres son tan diferentes La
piel marrón, los ojos oscuros se
encienden como carbones cuando
me tocan. Me
enamoro. Pienso qué
segura sería la vida sin el amor qué
tranquila qué
suave pero
que triste. Ay....ay
de mí por
donde andarás hermana mía. Embriaguemonos, que
la distancia nos una el corazón. Me
incorporo Las
manos de él me toman Siento
otro calor. Hace
verano. (Canción) Hombrecito
moreno de
las orillas dejame
tus manos para
mi brisa. Cuando
ya me vaya nos
perderemos sólo
entre sonidos nos
saludaremos. Mañana
cuando me vuele te
dejaré una cuerda con
un letrerito que diga adios
hombrecito mío. En
el reino de tu nido quiero
guardarme las alas pero
gozar yo contigo que
está despertando el alba. Se
apaga la voz de mí busco
los árboles busco
las piedras espero
que amanezca. Una
gran estrella nace
antes que el sol. Mi
párpado se cae es
la señal. Inicio
el camino del sueño después
del gozo Escucho
una voz no
es esta nuestra morada. dónde
estoy? Me
respondo: Me
respondo: en
otra raza. |
| Soy la guitarra
(Canción)
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Llego
al galope de los tiempos
mi
frontera es el mundo
navego
sobre los rayos de los años
soy
el recuerdo de vos
yo
desterrada y amada
por
capricho del señor.
Soy
la guitarra
luz
y sombra de otros cuentos
hermana
de la noche
caminante
embelesada
de
extrañas leyendas
Soy
la guitarra.
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Los horizontes
Y
ahora que?
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El
aire y el espacio se entreveran
me
cruzan las esparcidas de largas batallas
por
dónde se derrampo mi sangre?
entre
que ríos me hicieron y prisionera?
Los
años no me pesan
soy
la vida.
La
loca melodía
la
algarabía tantas veces por el aire humillada y amada, el cerdo y la
tierra.
Soy
el cuerpo del amor,
el
tronco testigo de los castigos injustos,
el
fuego y también la rada.
En
el año y en el día de oscuridad y tinieblas
antes
que hubiese días y años
estando
el mundo en grande oscuridad
yo
la guirarra, llore el primer sonido.
Más
cuerdas se extienden al infinito
el
ojo de mí se derrama como un pétalo
mi
sangre de mí
es
la madera
el
dolor y el temor siguen caminando.
El
se inclina
me
toca,
me
vibra...
tengo
sed:
Y
que me digo,
cuando
dejará de sangrarme el corazón?
que
las manos se tomen de las manos
que
los cuerpos se tomen con los cuerpos
que
nadie calle,
que
la voz humana sea una libertad
mi
paz
mi
incansable deseo.
Estoy
viva
que
las cuerdas se extiendan por mi
envuelvan
mis caderas
por
siempre jamás.
Según
dicen:
no
se harta el ojo de ver
no
el oído de escuchar.
Retumba
tumba mi cuerpo
retumba
tumba mi pie
retumba
y quedó tumbada
mirando
el cielo al revés.
Mis
alas crecen
soy
un ángel
escapó
de las manos de él
estoy
mojada de sudor
me
esperan
siempre
me espera
audaz,
callado y tibio
el
otro horizonte
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