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¿Podemos hablar, arquitecto, de su relación con Le Corbusier y
Gropius?
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Cómo no. Yo estudié primero ingeniería civil. Entré a los 17 años,
fue en el 30. Me atrapó todo el problema de la revolución de aquella
época, la anarquía en la universidad, que fue muy grande, ahí
aparecieron los primeros síntomas del descalabro universitario; las
clases se paraban, los alumnos sacaban a los profesores afuera para hacer
política. De esa época me harté y me dediqué a la aviación, que me
hizo mucho bien y me dio una gran experiencia. Una actividad nueva en el
mundo y naturalmente a mí me limpió de todo el arrastre que traía de la
universidad. A los 25 años decidí estudiar arquitectura. Entré en la
facultad en 1938. Enseñaban con dibujos y con polanos de arquitectura
griega, teníamos que hacer columnas con capiteles, todo se proyectaba con
estilo dórico, corintio o jónico. Cosa de locos. No se hablaba jamás de
ningún hombre moderno, de golpe, cuando yo estaría en el 4° año de
estudios, me enteré de la existencia de Le Corbusier, por una casualidad,
conversando un día con un compañero catalán. Él me contó de Le
Corbusier y me impresionó muchísimo. Recién entonces hurgando, me
enteré que había estado en el 29, acá en la Argentina, un año antes de
que yo entrara a estudiar ingeniería, que había dado una serie de
conferencias muy importantes, que él publicó en un libro que se llamó
"Précisions", en París, que yo después lo conseguí.
Nadie
hablaba de él, para mí era un ser totalmente desconocido, en la facultad
no existía, nadie hablaba de él. Yo terminé rápidamente la facultad y
me dediqué a plantear cosas nuevas y eso fue toda la época de la guerra,
porque ya estábamos totalmente incomunicados con Europa y no hay que
olvidar que en aquella época Europa parecía que se venía abajo. La
entrada de los alemanes a Francia, después de la retirada de los
alemanes, la entrada de las fuerzas aliadas, arrasaron también con todo.
Francia parecía que iba a ser totalmente destruida. Finalmente después
de la guerra hice contacto con él y Le Corbusier cuando se enteró de mis
trabajos publicó un artículo sobre mi obra, como la cosa nueva que
venía de América; la introducción escrita por él es muy linda. El
tema: lo nuevo que llega de América a la Francia deshecha y apolillada.
Sabiendo que él iba a publicar este artículo, me fui en 1947 y salió
publicado justo cuando yo llegaba, una casualidad. Ahí nació una gran
amistad con Le Corbusier, él me abrió todas las posibilidades, inclusive
me presentó al jefe de su taller, que era André Bogansky, para ir a ver
el taller de Nancy de Jean Prouver, el gran ingeniero en estructuras
metálicas de Francia, profesor de la Universidad. Hará unos 10 años
estuvo acá uno de los alumnos de él de aquella época, dio conferencias
en la Universidad y en la última de ellas dijo que cuando yo llegué a París en ese momento influí enormemente en el movimiento moderno de
allá y sobre todo en el taller de Le Corbusier. Tengo guardada una enorme
correspondencia con él........
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